jueves, 18 de marzo de 2010

UN SABADO EN LA NOCHE

Al verdadero Daniel


“Todo en orden” dijo el policía.

Entonces el gordo pisó el acelerador del taxi y nos fuimos. Él nos miraba por el espejo y yo le sonreía como diciéndole: “qué más, ¿estás asustado?”.

Cuando nos cobró lo que nos cobró casi peleamos con él. Un viaje de tres minutos tan caro: dos mil pesos por minuto. El tipo bramó toda clase de improperios hasta que se fue con tres mil pesos.

Eso fue hace rato. La rumba es acá, en El Hato, estaba avisada desde hace tiempo. Están todos los muchachos. Todos: los que me caen bien, los que me caen mal y los que odio porque creerse lo máximo golpeando a todo el mundo. Que me vengan a pegar a mí y lo primero que hago es patearle el cráneo al que se atraviese.

Yo se que estoy muy viejo para estas cosas, pero es que mis amigos están en esta moda, y pues yo los quiero y no pienso dejar de andar con ellos. Hay que ser tolerante ¿no? Además esta noche vienen Pacheco y Lizcano: ellos siempre llevan bastante Yerba a las rumbas.

¿La salsa? Eso se murió hace tiempo hermano. Claro que a mi me gustaba, para qué te voy a mentir, Willie Colón y La Sonora Ponceña. Hasta estuve en la academia de salsa dos niveles. Pero para qué ahora todo es Electrónica y Reggaetón. Todo el que quiera pertenece a esta moda: el de barrio rico o el de barrio pobre, tal vez por eso ahora hay tantas peleas.

A mi en particular este tipo de cuentos no me gusta, pero yo soy tolerante, usted sabe, por los amigos. Ellos me llevan porque me quieren y porque soy grande y se volear pata como loco.

Daniel y yo llegamos como a las Once, y nos dimos cuenta de que era demasiado temprano, las puertas están cerradas. Fuimos los primeros.

La noche es fría y el ambiente oscuro, pues en estos eventos lo que menos se necesita es luz. Así uno puede hacer lo que le dé la gana, hasta picharse a la monita que está allá, ¿la ve?, si esa, hace como cuatro meses le tengo ganas, pero siempre anda con un mancito, un tal Alexander, pero hoy como que vino sola, le voy a caer. Miro a Daniel mientras él, ansioso, se come las uñas. Ya le empieza a hacer falta el chute.

Un carro negro llega despacio, de él se bajan Mauricio y Fernando con otros que yo no conozco. Esos lanzan una mirada rara, pero no hacen nada. Por otro lado llega Andrés Castro con la caneca De La Corte con que siempre anda debajo de la axila izquierda. Este es mucho chirrete.

“Que hubo hermano, se va a tomar una o qué” me dice medio borracho.

Le digo que bueno y me llevo a la boca la botella de ese Viche que sólo toman los arrastrados como nosotros. Daniel no quiere, lo que el quiere es Chute, está temblando y las comisuras de las uñas empiezan a sangrarle de tanto arrancárselas del desespero; en fin, la noche será generosa en cualquier momento. Al lado de nosotros pasa un negrito de culo parado, y nos reímos, el man se da cuenta pero no nos importa. Allá él si se devuelve.

Las puertas por fin se abrieron, en la tarima se prendieron las luces de neón. El tipo que va a tocar primero, puso a tronar los amplificadores con una descarga feroz, como un ventarrón.

Castro y yo acabamos el aguardiente y Daniel ya se comió la integridad de sus uñas antes de entrar a la pista: ese ambiente cálido y sudoroso donde el cabello se te chamusca de tanto humo de cigarrillo y vapores exóticos de drogas diversas. En una esquina oscura del salón están los otros, Daniel los saluda. A veces la luz les da en la cara, ninguno parpadea y hay que hablarles duro por la estridencia de las olas sonoras. “Hola” les digo a todos y yo los saludo con una sonrisita hipócrita pelándoles los dientes, apretándoles sus manos suavecitas diciéndoles “bien”.

Por sus narices rota el tarrito amarillo de Popper, el Iron Horse. Zuluaga parece un príncipe azul de tanto meter. Me ofrecen, pero no quiero, les digo que no me gustan los químicos. ¡Qué va!, un día en la rumba de Casa Blanca me dio por aspirar del famoso nitrato y en medio de la montaña rusa casi me muero, sentía las palpitaciones asíncronas de mi cabeza y de mi corazón, vomité hasta las entrañas, incluso la barriga se me infló, estuve mal un mes. “Más para nosotros” corean entre risas.

En medio de estas conversaciones, de la otra oscuridad salen Pacheco y Lizcano. No me saludan, se limitan solamente a decir: “mirá lo que tenemos”, es media cajetilla de yerba, me emoción, por mi cabeza corren felices, crespones de locura, éste si es otro espectáculo con mejores resultados, nada de montañas rusas ni miedito rico, sólo relajación. “¡Esto si me gusta!” grito ansioso.

En una suerte de patio enrejado, rodeado de arboles bailarines, sobre pasto húmedo nos sentamos. En el bello trópico llueve cuando se le da la gana y ese día no había sido la excepción. Todos en círculo, en posición de loto, fumamos como si nos fuéramos a morir al otro día. Hay un gordo que parece una poltrona parada entre estrellas de cielo y limonares de tierra, se le nota la baja autoestima, por eso fuma, creo.

La descarga sonora viajando a través de la pista me eriza la vellosidad del cuerpo. Unos se ríen de cualquier pendejada y otros caen en ataques de tos, secos y pedregosos.

Las crestas de las olas se meten por mi boca para recorrer mis vastedades interiores y levantarme la piel de pies a cabeza; desde los dedos de la mano derecha hasta los dedos de la izquierda.

Los otros bailan en la pista desbordada de vicios y placeres colectivos e individuales. El viento amasa mi cuerpo haciendo nudos angelicales. Todo fundido en una visión divina que se chorrea por las paredes y arranca de cuajo el techo de palma de sus vigas de cemento.

El gordo poltronesco se va rodando entre los arbustos. Yo me río, los otros ni se dan cuenta. Pacheco no puede abrir los ojos de lo trabado que está. Pobre de él, no va a poder ver la cantidad de bellezas que se pasean por la pista esta noche, de Lizcano mejor ni hablo. Rivera yace acostado bocabajo jadeando como un perro entre chillidos asmáticos, le voy a robar el Iron Horse.

Me paro y salgo solo hacia la pista a reventarme de éxtasis y fantasía en la noche púrpura. Me paro frente a las luces robóticas, me muevo tal como el cuerpo me lo permite, lenta y extraordinaria ondulación de las manos ingrávidas por allá anda la monita los haces de luz le penetraban los ojos hermano creando formas multicolores de fantasía florida escurrida por recovecos de paredes intrincadas matices rosas selvas animales maravillosos todo un bestiario nuevo e irrepetible formas lejanas de la geometría Euclidiana

¿Euclides? ¿Quién es ese?

Cierro los ojos y camino a tientas por medio de ramas y hormigas fulgurantes en mi pecho manos y piernas camino camino contra el flujo infinito de colores cúbicos y jardines sólidos en línea recta zapateando sobre mosaicos escucho la frondosa armonía entre música exorbitante y aspiraciones celosas de aquellos que no quieren ser vistos lento pero seguro ando llegando por la espalda entonces me le acerco a la monita y le digo miamor usted está muy linda vos también me dice ella querés Popper yo le ofrezco el tarro ella ¡claro! Le da unas aspiraciones se lleva la Yerba que tiene en la mano a la boca fuma varios plones largos pausados la luz que da en su cara me muestra la dilatación de las pupilas a mi me corre un calorcito rico por todo el cuerpo le digo vamos a un lugar más fresco que tengo calor y ella dice que si la acompaño atrás de un muro de concreto y yo le digo claro allá le volteo faldita falda escocesa corta ella me baja el cierre bastante determinada los cabellos se me erizan una frescura exquisita sube por mis pies escucho los rumores de cómo es que te llamás Claudia ah ya Claudia de su cuerpo un ámbito viscoso ella deja escapar murmullos perceptibles en el humo de la yerba miamor a usted le gusta por acá pregunto con plena conciencia de habérselo metido por donde no era ella no dice nada aparte de esos murmullos cavernosos alcanzando cumbres extáticas bueno no importa pienso Allá en la pista mis amigos se están dando trompadas con los de los Rodríguez ¡uy! Ayala pateó a ese mono en la cara una nena le grita ¡dejalo en paz lo vas a matar! Andrés Castro está tirado en el piso chapaleando en un charco de todas las porquerías que se metió esta noche La monita se voltea como contorsionista descuartizándome por completo en la proyección de sus encantos miamor no se mueva tanto y tan duro que me duele mucho ruego ella sonríe como una loca arrancándome los vellos de las extremidades Ayala patea a ese mono en el piso la nena se tira encima a abrazar a su novio Ayala le hala el pelo mucho salvaje y un Rodríguez le da una trompada en la cara La música eleva la descarga de sensaciones el golpe me estropea los tímpanos la mona mirándome alza sus cejas abre los ojos de pescado rostro malicioso respiración entrecortada pupilas hiperdilatadas me besa muerde chupa el cuello labios de Yerba tufarada de ácido por acá pelean mis amigos con otros Rodríguez uno a uno por allá están varios rodeando a ese flaco que se metió con la novia de Martínez lo van a cascar sonrío Papi ¿le gusta? indaga la mona y yo claro miamor eres la mejor gimiendo da un salto y me besa la verga casi mordiéndola le grito ¡suave! Pero ella parece sorda azulada llora no se porqué tal vez de felicidad de lo bueno que la está pasando esta noche conmigo después me dio más besos que rico miamor esto es muy rico aunque el beso tiene sabor a mierda no importa el sabor es mío Tirado en la dureza del piso mirando las palmeras africanas estremecerse doblarse casi hasta el suelo debido a los ventarrones bajo una noche azul turquí de luna llena y nubes estrepitosas corriendo por estelas del firmamento gozando con Claudia agradecido por los placeres de un amor sin condiciones exquisito lejos de la ley donde nos permitimos estos crímenes sin castigo el piso palpita hasta casi reventar de tanto ataque sonoro cada vez diez veces más fuerte La sangre arcoíris del flaco ese que se metió con la novia de Martínez corre en un oleaje demarcado por las baldosas rosa del patio Andrés Castro continua tieso junto a los limonares algunas mesas ruedan veo muchas piernas de ambos géneros correr en direcciones encontradas sillas volando en sincronía delirante arañando cabezas de niños y niñas mientras en sus casas sus padres deben pensar ¡Qué buenos hijos tenemos nosotros! y yo aquí gozando con cómo es que te llamás Claudia ah ya Claudia Claudia monita divina qué más puedo pedir ella se acomoda como puede metiéndolo por donde es debido prendamos más Yerba ella se muerde las comisuras de los labios atrás del humo quiere miamor ¡claro! Pues fúmeselo todo Qué pensaría tu madre si supiera lo que haces en estas fiestas alcanzo a pensar antes del cambio de posición montándome encima de ella chupando sus senos rosados oyendo la reverberación de su pecho y ese gemido estrecho que sólo una mujer en el mundo puede hacer empieza un temblor en mi interior hágale más suave miamor que ya viene sin embargo ella no escucha y no reduce el ritmo de sus movimientos lo siento mi vientre se contrae y todo ese cosmos líquido se me sale por acá y por allá rica desesperación ahí quedo tirado en el piso sin más fuerzas que las necesarias para recordar y dejar estos momentos en las cuentas del olvido sobre todo el nombre de cómo es que te llamás Claudia ah ya Claudia se levanta con la sutileza que lo hacen las depredadoras que se dan por bien servidas regresa la falda al lugar y posición adecuados y se va chao miamor muchas gracias.

Abro los ojos. Tengo vagos recuerdos, ahora estoy tirado en no sé donde. Tengo un dolor de cabeza insoportable, también me duelen las piernas y el abdomen. Esos pastusos idiotas me miran como si yo estuviera muerto. Es un día soleado sin muchas nubes y de pocas palmeras. ¿Cómo es que se llamaba la monita? Las moscas de la mañana hacen su recorrido buscando porquerías, ¿será domingo?

(2008)

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