jueves, 18 de marzo de 2010

CARTA DEFORMADA

Y yo le beso esos labios suyos tan carnuditos, pero no tanto como los míos, y metiendo mis manos en su pelo, abrazándola, le digo que la quiero, que no me deje nunca en mi perdición como yo tampoco lo voy a hacer con ella. Que tengo ganas de enamorarme de ti y me dice que eso sería contraproducente. Yo sin entender el sentido de esa palabra nueva para mí le digo que nunca olvide esos momentos felices que ha pasado conmigo, y ella dice que el único día que nunca va a olvidar en su vida fue en el que me conoció. Y yo siento cosquillitas ricas en ese corazón mío que late tan duro que cuando me acuesto bocabajo mueve todo mi cuerpo y hace vibrar mi cabello crespo. Que me tengo que ir Ricardo, y yo trato de alterar las leyes de su tiempo. Que mi mamá se va a enojar, haciéndola quedar conmigo otro ratico abrazándola más fuerte. Si simplemente supiera ese desdén mío de las horas que voy a pasar sin ella, se quedaría un poco más. Que a mi mamá no le va a gustar ver esto, y yo le digo que si no ha visto lo otro… que me siento triste porque ya no me tratas como antes. Que me deje de decir bobadas que parecés una vieja. Soy una persona tan falta de amor que por eso que te pido tanto cariño. Si supiera de todas esas noches en las que no puedo dormir pensando en ese nombre suyo que corre por mi mente y todo lo que significa para mí, Y que a las tres de la mañana le pego puños al colchón y le grito a Dios que por favor me deje dormir, y mis dos hermanos en la otra cama me gritan que si es que me estoy enloqueciendo o qué. Si ella supiera lo mucho que este hombre sufre, pero que nunca le digo. Que a veces desearía estar muerto para no sentir tanto dolor, sin poder apelar a las lágrimas porque no soy hombre de lágrimas. Y que toda la vida voy a vivir atormentado por no poder tenerla, porque es una persona única e irrepetible. O que se me revuelve la entraña cuando me habla de ella. Y pateo la cama más duro y me revuelco y araño las sábanas porque llevo cuatro horas acostado y aun no puedo dormir, y que me masturbo y aun así no puedo conciliar el sueño. Y que tengo que soportar ese martirio hasta que a Dios le de la gana de dejarme dormir. Si supiera que todo esto es verdad, se quedaría un poco más y me mimaría y me besaría arrepentida. Comprendiendo que soy hombre de pocas palabras, pero de muchos pensamientos, sentimientos y sufrimientos. Y que esas pocas palabras no se las puedo contar a nadie porque nadie puede saber, porque le he guardado fidelidad sin ningún compromiso y mucho menos alguna clase de contrato. Si simplemente hubiera tenido el suficiente ímpetu para afrontar la primera duda que se me cruzó por la mente cuando casi fue mía. Si supiera que todo el día corren por mi mente canciones de derrota, como la del hombre que por un segundo se ahoga en los mares de la realidad, o el que casi confiesa que también ha sido un perro compañero, un perro ideal. O que quiere dormir y soñar con ella mientras por afuera pasan los aviones, o simplemente dormir (pues ella es la persona con la que más veces he soñado en mi vida) Canciones que todo el día me persiguen a donde vaya como un avispero. Y después de cavilar noche y día he llegado a comprender que el significado de la palabra contraproducente es este dolor del cual los dos tenemos la culpa. Si supiera que sufro peor que Julián porque él también metió la cabeza donde no debía y que cuando se ríe de él siento que también se ríe de mí y me pongo triste y sombrío como un cuervo. Ojalá y nunca estés en mi posición. Y mientras le miro esos ojos negros quisiera rogarle que me ayudara a salir de esta situación porque ella también es responsable. Inventar alguna formula de salvación. Que puedo dejarla cuando quiera, que podría borrar su recuerdo entre prostitutas. Pero cómo, cual recuerdo, si siempre la tuve a medias, si nunca hicimos el amor. Y recuerdo esa canción del hombre que se va porque ella no supo que la luna era su alma cuando él se la regalaba, y una canción fue el amor que nunca hicieron. Si ella supiera que esta vida nuestra no está tan alejada de las tragedias literarias que tanto nos gustan. Si se enterara de que algunas de sus palabras insensatas me han lastimado tanto no las hubiera dicho. Como el día que le dije que tal canción no me gustaba y ella me dijo “como usted no tiene a quien amar” ¿y ella si? si lo que tiene es una dictadora, que la ha hecho sufrir como un perro; una inquisidora que le ha arrancado muchas lagrimas de esos ojos negros tan bellos que ella tiene con sus infidelidades, y un historial de trapisondas y engaños. Si supiera cuanto he sufrido - amigo silencio - , por esas causas, si conociera la angustia y la frustración y la rabia que me da verla llorando por esa mujer. Y me gustaría que estuviera conmigo, que yo si la trataría como a una reina y la querría con todo mi amor de este mundo. Sin embargo el solo hecho de pensar en eso es ya un absurdo muy grande. Ella jamás saldrá, ya no es capaz de dejarla. No la culpo, ni tampoco doy lugar a recriminaciones. Y que estoy al filo de resignarme a la derrota. Y ese instante mientras pienso en todo esto me dice que su mamá la va a regañar, y aunque yo entiendo quiero tenerla conmigo unos segundos más. Y darle besos furtivos como los de la casa de Cristina, después de comer esa torta rancia de cumpleaños que casi nos mata, y que a mí me encantaron por el riesgo que asumimos. Si supiera del abandono en que me deja cuando se va con ella, ella no sabe que yo cuento los días y las horas en que está con ella. Eres mi fuente de alegrías y tristezas (ambas por igual). Y pienso que si le pudiera poner esta piedra mía que tengo de corazón no podría resistir ese dolor progresivo más de un minuto, y tomaría muy en serio estas palabras, las creería, y hasta lloraría. Que todos los días le pido a Dios que me quite este infierno que llevo por dentro -¿por qué dejas que esto suceda?- , que ilumine mi mente y me de alternativas para escapar del dolor que me está consumiendo. Y recuerdo esa canción del hombre que quisiera ser alcohol para evaporarse en su interior… si mis plegarias no fueran ni a Dios ni a la virgen sino a ti ¿Qué pensarías?... si algún día me miras abrazado de tu sombra… y eso es lo que hago, abrazarme de tu sombra, aferrarme a ese pedacito de cariño que es sólo mío por que tu me lo dijiste. Y tu mamá empieza a gritarte para que vayas a acostarte de una buena vez. Y yo pienso en el cielo y las estrellas de esta noche que llega, con la incertidumbre de si podre dormir. Si dios me quita la luna no me pongo malo, pero si me lleva a ti me lleva a esas estrellas. Y te abrazo más duro y tu mamá trata de ordenar las leyes de tu tiempo para que vayas a tu cama. Y muy adentro pido, sin llegar al caso, que por favor me perdones si algún día te hice algo malo porque hoy estoy loco por ti. Y te pido un segundo más (un simple segundo), y tu suspiras. Si supieras todo este atropellamiento de pensamientos, eso que estoy sintiendo, te quedarías y me darías más de lo que te estoy pidiendo. Pues tu presencia es mi debilidad y me da miedo quererte tanto. Para que te voy a mentir, a mi Carmen ya no me importa para nada ya no la quiero, y el día que tú me dejes de importar voy a borrar tu recuerdo en los labios de otras bocas. Y tendré de nuevo el corazón de piedra y perderé el juicio ahogado en los mares de la puta realidad. No me dejes solo por ahora porque es cuando más te necesito. Que si no le gusta verme triste que me quiera más para que pueda ver en este par de ojos pardos aquel brillo de felicidad que tanto le gusta de mí, mientras ella se va y me deja recostado en este escritorio y yo le cojo la mano y me ruega que la deje ir (¿por qué no me dejas ir tú?, pienso), que por favor que su mamá se va a poner brava. Y para mi sólo existe ese cuello dulce con olor a loción de hombre que pienso en besar ignorando sus ruegos. Y sentir esos senos suyos que últimamente han crecido contra mi pecho. Y tomar su carita con estas dos manos mías, y darle besitos suaves mientras agoto mis sentimientos. Si lo supiera se quedaría. Yo no sé si este abismo de desesperación es amor, y si es amor el dolor es incalculable. Desafortunadamente las dos veces que he estado enamorado de ella me ha ido más mal. Cuando yo le dije una tarde triste, que quería que todo volviera a ser como antes de después de Patricia, me refería a ese tiempo de calma relativa en la que pecábamos sin remordimiento, donde no me importaba tanto ella, cuando tu me decías esa frase certera que ladrón no es el que roba sino el que se deja ver y que a mi me causaba tanta gracia. Pero yo no sabía que los ladrones eran castigados por su conciencia cuando no eran vistos. La realidad me estrelló contra el piso y me quemó en sus entrañas. Gracias a Dios existen los puntos de inflexión, donde la curva se voltea para bien o para mal. Un día me dijiste que en la vida me iría bien porque yo era una bella persona y te doy las gracias por que tu has contribuido mucho para que eso yo sea. Y espero que ese cuento de hadas que ella piensa que es la vida le salga como espera, de todo corazón, aunque uno no puede pretender que la vida sea novela. Y pienso todo esto en ese tiempo muerto, cuando tú me miras desde allá abajito y con toda la determinación del mundo me dices “adiós”, y salgo por esa puerta de tu cuarto haciendo trampa, hablándote de cualquier cosa para estar contigo. Repitiendo el ritual de la despedida bien conocido por los dos, pero tú no sabes lo que pienso. Y miramos para todos lados con el miedo paranoico de los amantes clandestinos. Que tu madre, que tu tía, que Patricia, que los amigos de Patricia, que los vecinos se van a enterar si seguimos hablando tan duro, y si supieras lo mucho que me duele no poder quererte como quiero quererte en la calle, en un parque, frente a la gente o por lo menos frente a los muchachos en la universidad. Sino siempre entre las sombras aferrado a tu sombra. Y la beso junto a esa puerta que nos separa todas las noches antes de irme. Y la miro en silencio. Si Patricia no fuera tu novia (esa arpía), si simplemente tu madre no fuera mi madre y tú no fueras mi hermana… te quedarías conmigo otro ratico.

2 comentarios:

  1. Por ahí pillé a Andrés Calamaro, Wiilie Colón (el capo, Willie Colón), pero, sobre todo, a Julio Cortázar, Andrés Caicedo, García Márquez y el monólogo interior, de James Joyce. Celebro tus dotes de lector insaciable. Espero que sigas experimentando en la escritura.

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